Comenzaré mi Re-vuelta bloggera con un tema que parece que
ha caducado o prescrito, pero que sigue en candente actualidad siempre que cada
fin de semana miles de jóvenes como yo salgan a divertirse.
Como con casi todo, uno se da cuenta de lo que piensa el
vecino de enfrente con el que llevas compartiendo portal 20 años, cuando hay un
problema en la reunión vecinal y el ínclito se descubre y te muestra una cara
siniestra con colmillos retorcidos que ni te hubieras imaginado cuando te
ofrecía caramelos de pequeña o te sujetaba amablemente la puerta de la calle.
Pues algo así ocurrió tras la desgracia del Madrid Arena.
Una parece que se equivoca al creer que tiene derecho, sin
que la llamen cernícalo, a salir a bailar los fines de semana después de haber
estudiado una carrera de 5 años, haber hecho un máster de otro año, cumplir
semanalmente con 3 trabajos y además dedicarle un tiempo importante del día a
actividades culturales. De repente, tras el trágico acontecimiento sucedido,
todo el mundo ponía en tela de juicio el modus vivendi de millones de jóvenes españoles
y atónita escucho en la radio que se habla de nosotros como una masa informe e indiferenciada
de individuos sin conocimiento, víctimas de la tendenciosa y alocada sociedad
que nos conduce a cometer la tropelía de divertirnos. Se criticaron desde las
nuevas tecnologías en auge entre los niños españoles a la mala costumbre que
tenemos los más creciditos en hacer botellón, pasando por la Dolce Vita que unos
cuantos ni-nis se permiten. Aquí todo el monte era orégano y entre tanto,
todavía dos chicas se debatían entre la vida y la muerte en un hospital cuando
que el mundo se divertía con consideraciones ético-filosóficas-generalistas.
País de pandereta y licenciados.
De todas las opiniones desacertadas y descaradas que escuché
o leí sobre el sangrante asunto y la aparente decadencia juvenil, destaco la
del articulista de El Mundo, Salvador Sostres, que podéis leer en su totalidad
en este link http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/guantanamo/2012/11/05/los-chicos-fueron-los-primeros-culpables.html
El señor se descuelga con afirmaciones tan “chuscas” como
ésta “Si tú mismo o misma no eres capaz de ver que lo más probable que
te puede pasar en una fiesta de estas características es que te agobies y te
aplasten; si tú misma o mismo no entiendes que la multitud es un peligro y más
en este ambiente de descontrol y droga, nada podremos hacer por ti, porque por
mucho que prohibamos estas fiestas tú y tus amigos las vais a organizar
igualmente de modo ilegal y todavía más fraudulento, y con todavía menos
control y seguridad.”
“Ambiente de descontrol y droga”, argumenta el illuminati que parece no haber pisado un
concierto, unas uvas de fin de año, partido un plato y ni mucho menos una de
esas discotecas en las que parece que millones de jóvenes entregan sus días a
satanás y recortan su esperanza de vida. Es evidente que una discoteca no es un
convento, afortunadamente, pero resulta entre gracioso y desesperanzador escuchar
durante días y meses a personas que podrían ser tus padres hablando como tus
abuelos recién salidos de misa les hubieran hablado a ellos.
“Su vulgaridad y su modelo de ocio tan hortera son culpables.
Los que entraron sin entrada o sin tener la edad son culpables. Los que se
drogaron y perdieron el control también son culpables.”
Quizás su excelencia podría indicarnos cuál es el modelo de
ocio no hortera a seguir, me pregunto si “oh, seré yo la culpable de acudir
indiscriminadamente a musicales, conciertos de rock, jazz, ópera o macrofiestas”.
Miles de personas en este país viven de la horterez, del mal gusto deplorable,
del maligno que viene a visitar cada pista de baile, donde Ibiza, Madrid o
Barcelona son la cuna del germen que infecta nuestras jóvenes y culpables
mentes.
Todo esto unido al instinto maternal, proteccionista y
pueblerino de nuestra señora alcaldesa Dña. Ana Botella, ha sumido a la ciudad
en un caos en el que decenas de conciertos, eventos y fiestas han sido
cancelados bajo el lema “No en mis recintos, no en mi gobierno”. Atónita asisto
al espectáculo que me brinda la sociedad y sus gobernantes, de repente histéricos
por nuestra salud mental y física, por nuestro orden y nuestro alimento
cultural, creyéndose amos y señores de espacios que hemos pagado en su construcción
y mantenimiento incluso nosotros, jóvenes descarriados, con nuestras míseras e
incipientes contribuciones a la renta pública.
Se lo contamos a Gila y se retira, por eso de que, cómo
hacer chistes si el día a día es uno enorme y de los más imprevisibles.
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